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VIAJE EN BARCO

Viaje en barco

Estaba muy feliz porque al fin había llegado el día en el que me iba a reencontrar con mis amigos del instituto para celebrar que habíamos terminado la carrera. Como a todos nos apasionaba el mar, decidimos alquilar un barco y navegar hasta la isla de Cuba. En total éramos cuatro personas: Carlos, Lucas, Claudia y yo. El sábado partimos a las diez de la mañana. Todos estábamos muy ilusionados y emocionados, ya que llevábamos mucho tiempo esperando ese viaje.

El primer día fue fantástico y se me pasó volando. Nos hizo un tiempo espléndido y un sol radiante. Después de la cena hicimos un concurso de relatos de miedo. Faltaban pocos días para la noche de Halloween, así que era el mejor momento para hacerlo. La mejor historia fue sin duda la de Claudia, que logró dejar cierto misterio en el ambiente. Cuando acabamos, agotados, fuimos a nuestras habitaciones y nos acostamos. A pesar del cansancio, me costó dormirme. Tenía una sensación extraña, como si no estuviera a gusto conmigo misma. No le di mucha importancia y me acabé durmiendo. A la mañana siguiente me desperté muy temprano y tenía demasiado sueño, como si no hubiera dormido nada. Sobre las seis de la mañana oí un fuerte grito de Lucas desde la bodega. Bajé y le vi arrodillado frente al cuerpo inmóvil de Carlos. Tenía una extraña cicatriz en la frente y los ojos muy abiertos. Estábamos en shock y casi no podíamos hablar. Decidimos dejar el cuerpo en uno de los armarios y regresar a España. Me hice cargo del timón. Lucas, Claudia y yo llorábamos desconsoladamente y nos preguntábamos que había podido sucederle a Carlos. Estábamos aterrados. Se hizo de noche y el tiempo cambió radicalmente. Empezó a llover y las olas cada vez eran mas grandes y fuertes. Claudia tenía frío, así que fue a su habitación a por una chaqueta. Cada vez que pensábamos en lo sucedido el miedo se apoderaba de nosotros. Para colmo, no paraba de llover y Claudia no regresaba. Lucas estaba intranquilo y fue a buscarla. Llamó a la puerta de su habitación, y como no contestaba, entró. Lucas comenzó a gritar y a llamarme, y cuando llegué no podía creer lo que estaba sucediendo. Claudia yacía muerta sobre su cama, con los ojos muy abiertos y la misma cicatriz que Carlos tenía en la frente: tres círculos formado un triángulo. Intentamos contactar con la policía, pero no había señal por culpa de la fuerte tormenta. Lucas y yo estábamos horrorizados. La repetina muerte de dos de nuestros compañeros nuestros lo había cambiado todo y nos había dejado traumatizados. Me sentía muy mal, otra vez volvía a sentir que no estaba siendo yo misma y que no me comportaba como yo era realmente. Debí desmayarme. Cuando desperté todavía estaba mareada y vi a Lucas tumbado boca abajo. Le zarandeé para que se despertara y sentí algo extraño en su rostro. Tenía en la frente una hendidura. Tres círculos formando un triángulo. Estaba muerto.  Sentí que no podía más y fui al baño a mojarme la cara. Entonces comencé a llorar con furia. La terrible pesadilla que durante meses me había perseguido cada noche se había convertido en realidad. Me incorporé. La espeluznante visión del ser monstruoso y horrible que me miraba desde el espejo me dejó paralizado. Levanté la mano para asegurarme de que no era yo. El reflejo del espejo también levantó la mano. No podía ser. Era real. Corrí con pánico hacia mi habitación y me pregunté de dónde había salido aquel extraño artilugio afilado de tres círculos que estaba sobre mi cama…

     

                                     Elena Plazuelo Pascual. 4ºA

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